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Con los ojos cerrados
Cerrá los ojos
Cerrá completamente los ojos.
Que nada te lleve a mirar
con los ojos abiertos.
Una sola decisión, no importan los ruidos.
Al contrario. Los ojos deben mirar
por las orejas, por la nariz , ojos para
el aroma, el olor
que se necesita para seguir así:
con los ojos cerrados.
Llegarán canciones en cada movimiento.
En el viento vendrán comidas, la parte tuya
de una tarde al sol, el cemento, las flores,
el olor de ésa escalera que se sube y se sube.
Un director de orquesta tendrá su batuta
para la canción imaginada. Sonará
en la casa. Oirán donde hace falta
los reflejos necesarios para empezar
la suelta de mariposas y almohadas,
con perfume amigable.
Repito la consigna. Con los ojos
cerrados llegará la noche al mediodía.
De a poco se comprende que,
con los ojos cerrados, no hace falta hablar
para tocarse.
El verdadero idioma dirá sus cosas,
por los jugos, gemidos, imprecaciones.
Los músculos harán su trabajo y la saliva,
el resplandor, el ruido, cada cosa
que habita en el encuentro ocupará su sitio.
Con los ojos cerrados esto, lo pedido,
el encuentro, resolverá un asunto
sin pasado, sin olvido, en el lugar
sin escalas, referencias, en el lugar
del mundo de los ojos cerrados,
de la ilusión, de todos los abismos.
Hay un solo camino
y se ha dicho suficiente: andar hasta su puerta,
cerrar los ojos, empezar la porfía.
-envio hector berenguer
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